Conmigo estás a salvo

Desde el principio de los tiempos los seres humanos han pasado por múltiples situaciones de inseguridad, de miedo e incertidumbre, de angustia… Desde el principio de los tiempos y hoy día también. Este tipo de emociones tienen un efecto directo sobre la conducta, la paralizan, la desactivan. Es por esto que en las guerras, desde las muy primitivas en las que se ponían máscaras para asustar e intimidar, hasta las de la era actual en las que se maneja la propaganda de guerra para causar este mismo efecto, el objetivo ha sido idéntico, minimizar las capacidades del contrincante para tener ventaja y arriesgar menos en la obtención de la victoria. También es el objetivo del jefe cuando te mira a los ojos, con cara de “pocos amigos”, la mandíbula rígida y no dice nada, porque lo que has hecho o dicho no le ha gustado nada.

 

Causar miedo en nuestros oponentes es una estrategia de persuasión. Ayudar a una persona a gestionar sus miedos, por tanto, puede ser otra estrategia de persuasión cuyo fin es influir en el otro en una determinada dirección, en la que nosotros queremos, hemos pensado o necesitamos. La primera estrategia cesa su efecto cuando dejamos de causar miedo, desaparecemos o simplemente nos quitan la máscara. Es una estrategia a muy corto plazo y la etiqueta o nombre que la asignamos es “coercitiva”. Su base argumental es convencer ofreciendo evitar un castigo, un dolor, una incomodidad… (“si sigues actuando así una vez más, te castigaré, sería fantástico para ti que no llegara a hacerlo”).

 

La cuestión es cómo podemos activar el sistema (el cerebro) para salir de una situación de miedo. Una vez que estamos bajo sus efectos (paralizados) la única solución es que nos ayuden desde fuera, aquí está una de las razones de nuestro comportamiento gregario, en definitiva nos necesitamos para liberar y gestionar el miedo. La emoción contraria es la valentía; hay quienes aprovechando que están en grupo tienen demasiada, por eso se producen los incidentes violentos en el mundo de los forofos de fútbol.

 

Utilizar la ayuda, el apoyo psicológico para conseguir que la otra persona haga lo que deseamos que haga, lo denominamos estrategia de “consideración” y la base emocional más primitiva en la que se apoya es en el sentimiento de amor.  Lo que hacemos a partir de este sentimiento es entregarnos al otro, intentar   entenderle plenamente, de empatizar, y así facilitarle la estructura y el soporte de seguridad que necesita. Con ella influimos para causar el bien, para hacer que la otra persona salga de sus temores y haga, se active y sea protagonista de la acción, para que pase de ser reactivo a proactivo. Intercambiamos ayuda por obediencia (por la parte auto-motivacional que ésta tiene) y la recompensa es “sanar” al otro, sacarle del dolor y del sufrimiento, tiene un objetivo didáctico, queremos que la otra persona se supere, que aprenda, que se desarrolle porque así nos sentimos útiles. La magia de ver que somos capaces de hacer que se superen miedos es un refuerzo para nosotros mismos, aprendemos que las cosas se pueden conseguir, que lo negativo se puede cambiar a positivo, y esto también nos ayuda a superar nuestros propios miedos y a vivir más tranquilos en el futuro, hacer “el bien” nos reconforta. Una de las bases principales de los procesos de mentoring en las empresas es la estrategia de “consideración”. Los humanos tenemos una tendencia innata a tratar de evitar en los demás el dolor que nosotros mismos hemos sufrido. El ejemplo más claro son las asociaciones de víctimas de terrorismo, drogas, violencia de genero…

 

Los terapeutas, los médicos, los asesores…utilizan esta estrategia de persuasión con sus interlocutores de forma profesional cuando se proponen, en primer término, y como base de su servicio, ser aceptados, ser de “la familia”. A partir de ahí convencerán a través de sus consejos de expertos, de la implicación que consigan, de las dificultades que evitarán…Pero todo sobre la base de la “cercanía” que se ha generado, de mostrar una entrega total sin contrapartida a cambio.

 

¿Se puede simular esta cercanía y entrega con una finalidad torticera? Por supuesto, los seres humanos sabemos hacer esto magníficamente cuando lo que obtenemos a cambio nos motiva profundamente, podemos llegar a ser maquiavélicos y profundamente egoístas. Lo hacemos a través de una desconexión emocional interna a la que superponemos externamente manifestaciones emocionales de cercanía, de entrega, de cariño… E incluso de amor. Siempre ha sido una de las grandes estrategias del mundo del espionaje, sale en las películas de James Bond, pero en la realidad también fue el caso de la Matha Hari y tantos otros. Simplemente no consideramos los efectos emocionales negativos que pueda tener en la otra persona la manipulación que de ella hacemos cuando sea consciente del fraude. Lo podemos hacer cuando la ambición (adictiva) por conseguir el objetivo no repara en medios. Sus efectos son muy nocivos porque resquebrajamos los pilares de la confianza en la persona persuadida, a partir de una gran manipulación de este tipo los niveles de confianza en los demás se quedan en niveles ínfimos, y por otra parte, el que persuade desarrolla una dependencia adictiva a sus propios deseos “malignos”.

 

Pero no siempre la simulación de la cercanía tiene porqué ser negativa o inmoral, depende de quién obtenga el beneficio de la conducta que hemos provocado. La “consideración” será una estrategia de persuasión positiva si este beneficio es para el/ellos o ambos.

 

Podríamos decir que las personas más seguras son aquellas que han aprendido a gestionar el miedo, a adelantarse a sus efectos, a evitar circunstancias en las que se padece miedo. El control del miedo incrementa los niveles de seguridad, y si estos suben considerablemente podemos padecer exceso de confianza, que también es peligroso. La eficiencia de nuestro comportamiento viene dada por el control y el equilibrio entre el miedo y la valentía, ambas son necesarias para tener un comportamiento equilibrado. Cuando alguien tiene exceso de confianza no suele ser susceptible a que le persuadan a través de la estrategia de consideración, siente que no necesita nada de los demás.

 

El miedo provoca desconfianza, prudencia… ¿cómo podemos ayudar a alguien que tiene este tipo de sentimientos? mostrando una disponibilidad y una entrega máxima, en definitiva apoyándonos en el sentimiento de amor. Este es el círculo que se activa entre padres e hijos en la primera infancia, es por eso que los niños que no reciben ese primer apoyo psicológico durante los primeros meses de vida no conectan emocionalmente con los demás y suelen ser violentos, individualistas y nada empáticos.

Sobre miedos, angustias y fobias disponemos en el mundo de la empresa de un historial y bagaje de tales dimensiones que podríamos exportar a otros planetas en el caso de que sus habitantes fueran seres con excesos de seguridad. Dejando a un lado otros planetas y la contaminación que les podríamos causar, estaría bien que rebajásemos en las empresas y organizaciones unos cuantos grados los niveles de estas emociones negativas, que fuéramos menos individualistas y egoístas, que reduzcamos el lado oscuro de la fuerza, que demos luz al futuro. Los principales beneficiados somos todos. Cuando los grupos interactúan a través de emociones positivas crece el aprendizaje, se incrementa el desarrollo y educamos la proactividad (iniciativas, pruebas y compromisos).

 

Lo desconocido provoca incertidumbre ¿qué pasará…?, por eso las personas que tenemos alrededor que disponen de experiencia, y por tanto, que si saben más o menos lo que pasará tienen tanta ascendencia y provocan en nosotros una especie de fe ciega.

 

Ser muy valiente no supone inmunidad ante el miedo y la inseguridad. Alejandro Magno era un gran estratega militar y conquistador, pero por las noches le pedía a su amante que le acompañara, que no le dejara sólo porque los sueños le atormentaban. Nadie, si es un humano normal, es seguro plenamente, siempre podrá ser persuadido a través de la estrategia de “consideración” y probablemente esto será así hasta el final de los tiempos.

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