Cuando las piezas encajan, ¡eureka!

¿Qué es una necesidad? ¿Qué necesidades tenemos? Según el momento en que te encuentres la respuesta puede ser muy diferente, y puede haber algunas verdaderamente graciosas.

El ser humano es un sistema (entre otras cosas o sistemas) en el que interactúan multitud de variables, cuando se genera un desequilibrio fisiológico o psicológico tendemos, como buen sistema, a compensarlo para volver al equilibrio. Esa tendencia o deseo es lo que  llamo necesidad o motivación. Si tenemos sed buscamos beber, si estamos solos queremos compañía y si nuestro círculo socio-familiar es de éxito buscaremos más éxito que ellos.

Cuando una necesidad se satisface genera una asociación entre necesidad y objeto o relación de satisfacción. Esta asociación no siempre es buena, por ejemplo, sentir ansiedad y fumarse un cigarrillo, la necesidad queda satisfecha momentáneamente pero cada vez será mayor y necesitaremos más cigarrillos.

Nuestro mundo de necesidades nos impulsa por puro equilibrio de energía a quererlas satisfacer. Manifestar nuestras necesidades nos hace susceptibles de cara al medio, a los persuasores (que en definitiva somos todos), debe ser por esto que las intentamos mantener ocultas, al menos con las personas con las que no tenemos ese primer nivel de relación y seguridad.

A lo largo de la historia se ha entendido que nuestros deseos eran nuestra principal debilidad porque anticipaban nuestra conducta; el sediento irá a la fuente a beber, el ludópata a las salas de juego y el glotón a la despensa… y así facilitaban la información suficiente para que nuestros enemigos diseñen la mejor estrategia a través de la cual vencernos, anularnos o avergonzarnos (porque las necesidades de los enemigos también son variopintos). Esta creencia sobre los deseos, no sólo motivaban la ocultación a los demás, también a nosotros mismos, cuando lo inteligente es conocernos bien, saber cuáles son nuestras necesidades, qué es lo que realmente nos motiva, y sobre todo, cuáles son las formas más eficaces de colmar esas necesidades. El problema es que el mundo de los deseos suele permanecer oculto al mundo de la conciencia que se ocupa de cosas mucho más importantes; aprender la tabla del 10, quienes eran los reyes godos o la programación de la serie de televisión que nos gusta.

La satisfacción de una necesidad provoca placer (en mayor o menor medida) y esta experimentación nos lleva a cuestionarnos poco o nada sus futuras consecuencias. Un gran paso de lucidez sería que cada uno analizáramos las secuelas del placer porque la industria y el sistema económico en general no lo hará nunca (de momento).

Continuará…

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