Cuando las piezas encajan, ¡eureka!

Desde el principio de los tiempos el ser humano ha interactuado con el medio atendiendo a sus necesidades, al principio muy básicas, comer, beber, dormir… Y que eran emitidas por el sistema puramente biológico, una necesidad provocaba una respuesta, casi siempre inmediata. Todas estas necesidades no han caducado hoy, siguen presentes, y sin duda cuando aparecen son dominadoras de nuestra conducta.

Si por circunstancias pasas tres noches sin dormir, una cama es mucho más sugerente que una conferencia sobre el mundo de las ideas (aunque lo segundo te lleve a lo primero). La principal diferencia entre el presente y el principio de los tiempos es que este tipo de necesidades son infinitamente más fáciles de satisfacer que en la época de las cavernas, por eso hemos generado muchas otras.

La evolución camina generando nuevas necesidades y motivaciones cada vez más sofisticadas. Hoy casi todos necesitamos un smartphone y hace veinte años (que no es nada) no existía la palabra si quiera.

Si nos preguntamos que ha hecho el ser humano a lo largo de su historia, una respuesta podría ser: “crear y satisfacer necesidades, evolucionando e incluyendo desde aquellas básicamente biológicas a la complejidad sociológica actual”·

Hablando de necesidades, de motivadores de conducta, tenemos que hacer una parada obligatoria para reflexionar en la pirámide de Maslow. En ella vemos que en la base coloca las necesidades Fisiológicas, luego las de Seguridad, de Pertenencia, de Estima y del Ser, en su parte superior. Si bien para que se activen las necesidades de un nivel tienen que haber quedado satisfechas las necesidades del nivel anterior, el espacio que ocupan en nuestra sociedad actual (en los  niveles medio y alto) invertiría la pirámide, siendo las principales motivaciones las de Estima y  fundamentalmente las del Ser. Si nos centramos en la vida de los refugiados volvemos a las cavernas, al nivel base de la pirámide, a aquellas necesidades que si nos pusiéramos de acuerdo serían muy fáciles de satisfacer hoy día.

El deseo firme, la motivación profunda se puede convertir en el eje de nuestra conducta, en el guión de nuestra vida, en la única energía propulsora. Fue este deseo de volver a su vida anterior la que permitió a Viktor Frankl (“El hombre en busca de sentido”) superar todas las desgracias y penurias de los campos de concentración nazi. La duda fue una de las principales causas de que otros no lo superasen.

Cuando las necesidades son pocas y vitales nuestra concentración es máxima, cuando son múltiples y de poca trascendencia para la supervivencia de la especie, como sucede en los tiempos actuales, llega la dispersión, la dificultad de centrar nuestra atención en propuestas de satisfacción que no notamos que necesitemos, que no somos conscientes que tengamos y que además nos ofertan desde diferentes formas, sitios y maneras. Por eso la necesidad de los persuasores de hacerse notar. Ese fue el momento en el que nació el marketing.

La mejor manera de preservar nuestro equilibrio es tomar conciencia de nuestros niveles de necesidades y que nos reporta la satisfacción de las mismas, con ello atenderemos más a nuestro guión personal que al del mercado.

Continuará…

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