Despedirse tampoco es fácil

Desde el principio de los tiempos a los humanos nos ha costado terminar, finalizar las cosas. Aunque también es verdad que hay circunstancias en las que estamos deseando terminar, con o sin broche. En el mundo de la comunicación se dan ambas versiones, incluso a veces coinciden ambas en el mundo de las presentaciones de empresa, al ponente le cuesta terminar porque siempre encuentra una cosa más que decir o no le convence la última que está diciendo y el auditorio estaría encantado de que terminara, y a esas alturas le da un poco igual cómo. También en los aplausos finales se ve este doble efecto. ¿Se aplaude siempre porque te ha gustado la intervención? A veces no, es un acto de alivio y agradecimiento a que haya terminado.

La recomendación es siempre terminar bien, también en los actos de comunicación, atendiendo al “efecto recencia”  (Atkinson y Shiffrin) de la comunicación, lo último es lo que más resuena en nuestro cerebro, lo que tiene mayor probabilidad de ser recordado, lo que cierra y da sentido a la historia, al discurso. Si comenzar impactando es importante terminar con impacto es vital.

La atención y el empeño que se pone cuando se prepara un acto de comunicación son mayores en la introducción, en tiempo y calidad, al de los cierres. ¿Por qué lo hacemos así? Hay varias razones; El nivel de atención y dedicación (sin interrupciones) es corto en los tiempos actuales, y cuando se producen estas interrupciones volvemos a empezar, sin la concentración no es buena siempre estamos planteándonos el inicio y el esquema principal. Porque los actos de comunicación en las empresas tienen poco de “historia” de “fábula” de “relato”, los bulets de los PowerPoint nos han enseñado a hacer presentaciones con un número de diapos pero no a contar una historia. Y si no hay historia da igual el final. A veces no tenemos conciencia de la importancia del cierre y otras veces no disponemos de orientación metodológica sobre cómo cerrar. Sin embargo, los finales son los que hacen que obtengamos la próxima reunión, que firmemos un acuerdo o que un libro de intriga sea excelente o mediocre, igual que una película.

Necesitamos rituales para el arranque: “Hola, buenos días”, y también para los cierres. “Adiós” “Hasta luego” “Que te vaya bien”… El tema es que los utilizamos igual que los del inicio, sin tener plena conciencia de lo que estamos diciendo. Ser original en los cierres también nos diferencia, hay una película de George Clooney que trata sobre la vida de un locutor de radio, que siempre termina sus programas con: “Buenas noches, y buena suerte”, el cierre se convierte en un mantra lleno de significado, y en el título.

La verdadera cuestión de fondo es que no pensamos en la intención del cierre, qué sensación queremos dejar en nuestro auditorio. Esto que lo hacen muy bien visceralmente las parejas adolescentes cuando se despiden, a través del tono y el pose, en el mundo de la empresa, que somos muy comedidos con el tono y con el pose, a veces no dejamos suficientemente claro el sentido final y de cierre de nuestro discurso.

Imaginaros que cierres tan diferentes podríamos obtener si, en lugar de dejarnos llevar por la transcendencia de la tarea y la seriedad del sistema racional, nos planteáramos como foco intencional las siguientes sensaciones:

Intriga: “Señores, esto que les cuento aún no está confirmado pero si puedo asegurarles que cambiará nuestra forma de trabajar de ahora en adelante, estén atentos. Nada más”.

Confianza: “Señores, no me cabe la menor duda que estoy ante el mejor equipo de todos los posibles, sólo ustedes pueden hacer que nuestras expectativas se conviertan en sólidas realidades. Cuando les miro a los ojos siento la seguridad del trabajo bien hecho. Sigan así. Gracias”.

Reto: “Señores, espero que la música que acaban de oír les guste, porque la letra la van a poner ustedes. Muchas gracias y buena suerte”.

Optimismo. “Señores, les felicito, hemos obtenido excelentes resultados, la estrategia que implantamos ha consolidado grandes éxitos, estamos en el mejor de los caminos, el futuro es nuestro. Disfrutarlo”.

Implicación. “Señores, sabéis que el equipo es mucho más eficiente que la suma de las individualidades. Si todos aportamos ganaremos todos. Os pido seguir trabajando como una única unidad. Muchas gracias”.

Las situaciones de comunicación, en función de la intención y el objetivo, tienen diferentes tipos de cierre. En la continuidad del trabajo el cierre de una situación de comunicación suele ser el posicionamiento de arranque para la siguiente (entonces… prepara el informe y lo vemos el próximo martes). Cuando la continuidad en las situaciones de comunicación tiene un intervalo largo, como sucede en convenciones, ponencias en organizaciones (que si no salen bien no te vuelven a llamar), un evento especial… En estas situaciones necesitamos conseguir que sean recordadas en positivo, para ello, independientemente de que los contenidos sean útiles y brillantes deberán ser “memorables”, que les recordemos. Para ello deberán contar con un alto impacto emocional, y estaremos más cerca de conseguirlo si ya a la hora de prepararlo nos centramos no sólo en los objetivos sino en la emoción que vamos a despertar en los asistentes. Posiblemente todos recordamos como acaban “Cadena Perpetua” o “Match Point”, por el juego mágico en el que coinciden el deseo y la sorpresa (que suele satisfacer ese deseo).

En muchas ocasiones los finales son una prueba; de comprobar que se nos ha entendido, que somos queridos y aceptados, que lo que deseamos que suceda tiene visos de que así sea, que el futuro, siempre incierto, va ser como nosotros le hemos diseñado.

Los cierres de la comunicación marcan los caminos por los que queremos seguir transitando y lo que en ellos queremos encontrarnos, y esto es así desde el principio de los tiempos.

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