Humor, bienestar y eficiencia.

Ha pasado una vida desde los años previos a la pandemia, desde entonces todo ha cambiado. Los líderes que guiaron con éxito las dinámicas empresariales del pasado ponían en juego competencias y habilidades que han quedado obsoletas. El escenario actual demanda a los líderes otras destrezas, formas de relacionarse y valores. Podemos señalar cuatro factores que han cambiado la fórmula del líder de éxito: 1) La jubilación de una buena parte de los directivos del baby boom (cambio generacional); 2) Dos años de pandemia que han cambiado las reglas del juego; 3) Los progresos en las nuevas tecnologías, sobre todo Inteligencia Artificial y Robótica; y 4) El factor psicológico: cambios en el propósito de las personas, bajadas en picado de los niveles de compromiso y sentimiento de pertenencia con sus empresas; hemos pasado de ser un equipo a un grupo disperso de individualidades, muchas de ellas afectadas de soledad.

Es imprescindible incrementar los niveles de eficiencia y calidad en todo lo que hacemos si queremos seguir “de pie en la lona”, pero ¿qué combustible nos permite generar la nueva energía que necesitamos? Es posible que sea uno en el que se está invirtiendo poco, el talento, el compromiso, la pasión. Alguien puede pensar que esto se trae de serie, lo tienes o no lo tienes, que no está en manos del líder. Sin embargo, la misión del líder es potenciarlos. ¿Cómo podemos invertir en este generador? El primer paso es crear un entorno de trabajo que fomente el bienestar, la satisfacción, creatividad e implicación. Rompiendo con el cliché de: “si baja la facturación no podemos invertir en la gente”, porque si no lo hacemos entraremos en una espiral que desemboca en la bajada paulatina de la eficiencia (supervivencia) y de la calidad (futuro).

Durante los años 2020-21 en Human Profit, consultora de desarrollo de directivos, hemos investigado a través del método científico sobre los ingredientes que dan forma al líder excepcional, inspirador y constructivo.

Uno de nuestros pilares de trabajo desde hace tiempo es la producción de humor blanco. Formamos a los líderes para que incorporen a su discurso bromas sobre ellos mismos, sin utilizar tópicos como religión, política o sexo, con el objetivo de que conecten emocionalmente con sus interlocutores. Durante los veinte años que llevamos impartiendo este taller de humor hemos observado que aquellos líderes que producen más humor blanco son más constructivos, se les recuerda mejor y progresan profesionalmente con más facilidad. Con estos antecedentes planteamos la siguiente hipótesis de investigación: “aquellos que producen más y mejor humor también disponen de niveles más altos en resiliencia, flexibilidad, creatividad y persuasión”. Estas cuatro competencias nos parecían el denominador común a los líderes que progresaban. Para demostrarlo seguimos el siguiente proceso con los líderes que participaron en el estudio: primero, asistieron a un taller de humor y elaboraron su monólogo, en él medimos la cantidad, calidad y diversidad de su humor; segundo, realizamos una entrevista en profundidad para medir las cuatro competencias anteriores.

La muestra fue de 94 directivos de 7 sectores de actividad diferentes. La edad media fue de 43 años, el 56% hombres y el 44% mujeres. Por cierto, no se encontraron diferencias por edad ni género.

Los resultados obtenidos nos avalan para afirmar que se cumple satisfactoriamente la hipótesis porque el coeficiente de correlación encontrado a través de un modelo de regresión lineal es del 0.78. Todos los indicadores del modelo estadístico nos dicen que los niveles de fiabilidad y validez son muy altos.

Volvamos al humor, cualquier broma cuenta con dos componentes: “verdad”, para resultar creíble y “dolor”, al que tendremos que dar la vuelta para ofrecérselo a los demás ya resuelto, sorprendiéndoles con la solución, con el cierre, esto es lo que provocará la sonrisa. El humor ha sido siempre el principal relativizador del ser humano, la herramienta con la que enfrentarse a la oscuridad de las dificultades. Las técnicas que impartimos en estos talleres facilitan que las personas conviertan su dolor, penas o dificultades, en argumentos positivos, con los que seguir mirando al futuro con ilusión. Provocar una risa nos conecta a los demás, al mundo; pero fabricarla uno mismo, hacer tu propio humor (con amor propio) nos diferencia y libera. Cuando la producción de bromas, en lugar de dedicarla a los demás, la dedicamos a nosotros mismos, formando parte de nuestro discurso mental interno, auto generamos la mejor predisposición para construir.

En Human Profit nos sentimos orgullosos porque la intuición de 20 años de trabajo se ha confirmado con datos. Pero las enseñanzas principales vinieron cuando analizamos en profundidad las funciones de las cinco personas con mejores puntuaciones en humor y competencias, aquellos a quienes consideramos líderes excepcionales. Todos ellos desempeñan responsabilidades que suponen enfrentarse a altos niveles de incertidumbre, de dificultad, con cuentas de resultado en algunos casos a nivel internacional, equipos dispersos y numerosos, con habilidades de relación y comunicación que en la mayoría de los casos les ha supuesto ser el líder de la organización mejor valorado.

Se trata de líderes resilientes, que además de aguantar la incertidumbre, la dan la vuelta de forma rápida, no se instalan en la resistencia, reconducen con rapidez. Son flexibles de forma proactiva, se adaptan, como si estuvieran utilizando técnicas marciales, son capaces de recibir la energía que les viene en contra y revertirla a su favor. Son creativos, buscan incansablemente alternativas que resuelvan los retos de forma eficaz, se trata de creatividad útil. Persuasivos, empatizan con sus equipos, les transmiten con habilidad la ilusión y la pasión que ellos tienen. Estas cuatro competencias han sido consideradas en el estudio como un conjunto, un constructo competencial al que le hemos dado el nombre de “humanum talentis”. Estos líderes con niveles altos de humanun talentis son los que deberían liderar el cambio. En Human Profit podemos ayudar a identificarlos a través del taller de humor blanco, ahora avalado científicamente como assessment.

Generar bienestar en el entorno de trabajo es factible si los líderes están “vitaminados” con humanum talentis, así podemos deducirlo de las conclusiones del estudio. Sin duda, se puede contribuir a la mejora del clima de trabajo capacitando a los líderes en la utilización de herramientas para producir humor blanco, y aún sería mejor si estos se implican en la capacitación de todos los integrantes de la organización para convertir el dolor en un poquito de comedia. Sólo los entornos con ciertos niveles de bienestar permiten el sentimiento de seguridad, compromiso y entrega para ser creativos, y así dar los niveles de calidad en la producción que posicionen a la organización como ganadora.

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