LA PERSUASIÓN EN LOS TIEMPOS DE LA COVID-19

Persuadir significa influir en el pensamiento y/o conducta de otra/s persona/s a favor de la idea o el objeto sobre el que queremos convencer.

Desde antes de la utilización del lenguaje, los sapiens hemos intentado, y en muchas ocasiones lo hemos logrado, persuadir. Unas veces con la intención de que el persuadido obtenga beneficios y otras con la intención de manipular y que el beneficio sea únicamente nuestro. En mi opinión, la verdadera persuasión es la que tiene como finalidad el beneficio mutuo, que contempla el principio de equidad, de justicia. Es la manera de que la interacción persuasiva no se reduzca a un acto puntual, sino que sea una forma de relación que permite la evolución y el desarrollo continuado, de que tenga futuro porque todos obtenemos un beneficio.

La persuasión necesita acción y, por tanto, poner a prueba toda nuestra inteligencia práctica. Solo será de utilidad la racionalidad teórica almacenada en nuestro cerebro si contribuye a que resulte eficiente la situación de comunicación en la que queremos persuadir.

Incrementamos sustancialmente la probabilidad de conseguir a través de la comunicación el objetivo que nos hemos propuesto si no permitimos que afloren emociones distorsionadoras como la rabia, la tristeza, el odio…, que nos devolverían a estados anteriores al lenguaje. Para persuadir necesitamos serenidad y templanza.

El deseo de persuadir es la energía que nos moverá a resultar persuasores. Necesitamos esa actitud para poner en marcha una comunicación que facilite que nuestra expresión verbal y no verbal fluyan en sintonía y enganchen con el interlocutor, mostrándole nuestra pasión. Es la forma de hacer realmente atractivo nuestro mensaje. Necesitamos el valor de llevarlo a cabo.
Para persuadir, por tanto, nos deberíamos apoyar en cuatro principios: 1. La justicia. 2. La inteligencia práctica. 3. La serenidad, templanza (control emocional) y 4. El valor. Precisamente, estos son los cuatro principios defendidos por los maestros de la filosofía estoica (Epícteto, Zenón, Marco Aurelio, Seneca…) para conseguir ser un hombre virtuoso (CÓMO SER UN ESTOICO, Massimo Pigliucci). Hace más de 2.000 años los filósofos pensaron, reflexionaron y contrastaron modelos que disponen de una absoluta vigencia actual. Pero hoy día, ¿te has planteado alguna vez ser una persona virtuosa? ¿Cuánto tiempo al día dedicas a pensar, reflexionar y contrastar pensamientos? ¿Por qué no hemos generado otros modelos de pensamiento que hagan obsoletos a los de hace 2.000 años? ¿Cuánto tiempo dedicas a interactuar con pantallas?

Si el hombre común actual no reflexiona y no interioriza modelos de pensamiento, que le permitan contrastar, dudar y reforzar ideas, entonces dejará que le instalen en su cerebro modelos pensados por otros, que no se apoyarán en estos principios, sobre todo en el de justicia. Modelos cuyo objetivo es la manipulación, como sucede con el modelo skinneriano utilizado por todas las redes sociales, cuyo fin es hacerte ver que lo importante no es el ser, sino el tener o parecer, ocultándote todas las posibles consecuencias de la satisfacción inmediata (EL ENEMIGO CONOCE EL SISTEMA, Marta Peirano). Es un modelo que dificulta que el ser humano evolucione y madure, porque eso supondría libertad. Es un modelo que está pensado para todo lo contrario, para que la sociedad se convierta en un laboratorio donde seamos ratas, palomas o humanos, sólo se obtiene comida si se acepta la descarga. Los que manejan el laboratorio no permitirán que se frene la maquinaria del consumo y les da pánico que podamos pararnos a pensar y reflexionar ¿por qué compramos?

Por esto, en una situación de pandemia como la que estamos viviendo, hay tanta gente que en lugar de asimilar la nueva realidad y enfrentarse a ella con valor, sabiduría práctica y serenidad, prefieren que algunos medios de comunicación les instalen en la cabeza el modelo del “negacionismo”, de “la culpa la tienen los chinos” o, el más estándar del mercado, el modelo Trump, “No piense, ya lo hacemos nosotros por usted”.

Es urgente en nuestra sociedad que el hombre común desarrolle su capacidad de pensamiento crítico para que la persuasión se base en el beneficio mutuo y que las reglas del juego dejen de ser tan oscuras. Persuádete de esto, incrementarás el control sobre tu propia vida. Es una invitación a ser una persona virtuosa, que contempla las leyes de la naturaleza y el comportamiento ético con el prójimo y no desiste en el empeño por estar siempre aprendiendo.

Deja una respuesta

Identificarme con mi cuenta de:



Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.