Los Buenos Principios III.

Para provocar emociones positivas en el auditorio, desde el principio del discurso, no queda otra que mostrarlas en uno mismo porque éstas funcionan por mimetismo, activamos a través de las neuronas espejo la emoción que vemos en el otro. No suelen ser creíbles aquellos ponentes que comienzan diciendo “estoy encantado de estar esta tarde con vosotros” y lo hacen desde un rictus serio, lacónico, automático. Igual lo prepararon cuando sí lo sentían y los nervios del directo los ha dejado con ese cuerpo y esa cara… De tensión. Una de las mayores disonancias que he encontrado en el mundo de las conferencias fue en una sobre la “Felicidad”: curiosamente el ponente no sonrió ni una sola vez durante los 70 minutos que duró aquello. La única utilidad que encontré a aquella ponencia es haberla puesto aquí como ejemplo.

El juego de los inicios consiste en sorprender sin que te sorprendan, esta ecuación sólo es posible si hemos preparado eficientemente estos 2-3 minutos de arranque. En ocasiones he hablado de que estos primeros minutos para el ponente debería poder resolverlos con el “piloto automático”. Tener las primeras frases, con su tono, su pose… tan “masticadas” que fuera capaz de observar y analizar las caras de su auditorio, el estado anímico con el que han entrado, sin perder un atisbo de fluidez en su discurso.

Para ganar la aceptación inicial es importante utilizar “humor blanco” y una broma sobre uno mismo activa los procesos de empatía. El requisito fundamental es que tiene que estar probada con anterioridad, ensayada, con su enganche de entrada y de salida. Es habitual ver a un ponente que lleva una buena broma preparada, que le funciona maravillosamente bien, pero que al provocar la risa él también disfruta como su público y pierde el hilo,  improvisa y pierde el ritmo de seguridad que llevaba hasta ese momento.

Para finalizar, estoy convencido de que el principio básico para hacer bien los principios es haberlo preparado tanto, que lo que les ofrecemos a los demás en el inicio de nuestra intervención como novedad, para nosotros es rutina. Y esto es así desde el principio de los tiempos.

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