Pasos para Diseñar e Implantar una Estrategia.

Desde el principio de los tiempos en el mundo animal, desde los menos a los más racionales, hemos sido estratégicos. La supervivencia ha dependido de cómo obtener comida, sobrevivir a los peligros, reproducirnos… La forma de hacerlo, más o menos eficiente ha determinado la efectividad de la estrategia.

La diferencia principal entre los hombres y el resto de animales es que nosotros hemos ido alterando siempre el sistema y haciéndolo más complejo, cada vez invertimos más energía en saber qué pasa a nuestro alrededor y muchísima más en diseñar cómo manipulamos nuestro entorno en beneficio propio. Cuanta más complejidad menor posibilidad de previsión a futuro. Nuestros antepasados podían predecir a largo plazo, para nosotros mañana es impredecible.

Si nuestra preocupación es ser estratégicos o implantar una estrategia es porque queremos conseguir algo, cuanto más intenso sea el deseo mejor diseñaremos la estrategia. En este proceso de conquista, el primer paso es saber claramente ¿qué quiero conseguir?, la respuesta a esta pregunta es el objetivo. En la definición del objetivo nos encontramos la primera dificultad, el abanico de posibilidades es muy grande. Mi objetivo puede ser ganar cuota de mercado, diferenciarme de la competencia o conquistar a una señora rubia.

La dificultad viene porque habrá que marcar qué cuota quiero que mejor viabilidad facilite a la empresa. De qué competencia me quiero diferenciar y a qué me refiero con diferenciación y quien es la señora rubia y si realmente es rubia.

Tomar la decisión sobre cuál es en concreto el objetivo que me interesa conseguir contempla aspectos muy importantes de especificación, conviene que esté definido racionalmente, que sea fruto de un análisis y no sólo de un deseo (salvo en el caso de la señora rubia). La primera dificultad es que nuestras decisiones están sesgadas por nuestro procesos emocionales en un porcentaje considerable (si atendemos a los estudios del Premio Nobel de 2002, D. Kahneman, en más de un 90%).

¿Cómo evitamos que el objetivo no sólo sea una pulsión del deseo? Siendo insistentes en la indagación, utilizar la pregunta ¿esto para qué?, y cuando obtengamos una respuesta, a esta la volvemos a cuestionar la misma pregunta para ver con claridad qué queremos.

El siguiente paso es la definición, llevarlo a la expresión escrita. Sobre las características que definen un objetivo hay mucho escrito; deberá partir de un verbo en infinitivo, describir el soporte de la acción y cuantificar lo esperado… Estos son aspectos formales. El siguiente paso es testarlo con implicados, compartirlo, consensuarlo… Y si se considera de utilidad, modificarlo o actualizarlo teniendo en cuenta las aportaciones y matices que nos hayan aportado. El compromiso de los implicados en la implantación de la estrategia es la base para que una estrategia sea viable, y por la complejidad del entorno en que vivimos, las estrategias implican a un buen colectivo de profesionales.

¿Qué pasaría si les preguntamos cuál es la estrategia por la que ellos hacen el trabajo que hacen?

(Continuará)

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