El proceso de la comunicación persuasiva (III)

¿Cuál es la distinción entre querer convencer y realmente hacerlo?

La distancia entre desear convencer y hacerlo realmente puede ser salvada sólo si nos preparamos, entrenamos y probamos… Esto supone pensar la estrategia para persuadir, marcarnos un objetivo, analizar la audiencia, sus deseos y objeciones, las características que les definen, el formato que utilizaremos y los contenidos que darán estructura al formato. Y todo ello entrenarlo física y mentalmente para ganar seguridad en la ejecución, quizá para obtener un feedback previo de personas cercanas que nos puedan guiar en la obtención del objetivo. Y sobre todo reforzarnos nosotros mismos en el discurso, en nuestra idea.

Durante el acto de comunicación lo importante es la pura ejecución, no es el momento de reflexionar, probar… Ni improvisar. Todo esto nos sacaría de los principales sentimientos que tenemos que tener para que la energía de comunicación sea la adecuada; seguridad, aceptación de nosotros mismos y del auditorio, concentración y fuerza.

Como en el mundo de la aviación, los momentos más críticos son el despegue y el aterrizaje. Comenzar conectando bien con el auditorio favorece que las turbulencias se lleven mejor. También es vital que haya un orden, una estructura, esto facilita que las cosas se entiendan mejor. El momento más crítico es el cierre, conseguir un buen cierre, que sea emocional e impactante facilita que nuestro mensaje se recuerde mejor, que cuando la audiencia piense en nuestro mensaje su recuerdo resalte aspectos positivos con mayor intensidad incluso que los vividos.

Después, si la experiencia ha sido buena, seguirá el deseo de convencer. Conozco personas que después de su primera intervención pública han experimentado el deseo de no volver a intervenir, de sentir una alta frustración e incluso, en algunos casos, llegar a desarrollar fobia a exponer en público. ¿Por qué sucede esto? porque no tiene nada que ver el discurso interno con la ejecución del discurso a un auditorio, porque toda ejecución necesita una preparación y un entrenamiento, (a mucha gente le da vergüenza) y se carece de método para hacerlo, porque nos cuesta mucho pensar en términos estratégicos para diseñar una intervención, porque la imagen que tenemos de nosotros mismos es poco realista. Porque hablar en público es una habilidad y como tal hay que desarrollarla a través de un método. Porque a veces quienes dan feedback carecen de toda delicadeza…

También los grandes comunicadores han tenido tardes de pitos, pero ellos saben que eso forma parte de la vida, que no siempre se acierta y que en definitiva se trata de seguir aprendiendo indefinidamente, superando etapas, sin dejar de prepararse, sin bajar la guardia pensando que en cada intervención te juegas todo, porque no sólo se trata de los contenidos que cuentas, se trata de ti.

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