T3 La palabra hace que exista.

La mente es un océano inabordable en el que cabe casi todo, igual por eso a veces da la sensación de estar vacía. La brújula que nos guía son las palabras, de dentro o de fuera, y especialmente las preguntas que son como interruptores de la luz que van encendiendo y apagando dependencias de la casa. Las preguntas marcan el foco al que dirigimos nuestra atención porque siempre estamos buscando respuestas.

Puedes estar distraído pensando en tus cosas pero si alguien se acerca y te dice ¿quién eres? te podría llegar a colapsar el disco duro sino fuera porque tenemos un nombre que lo resume todo.

Los vendedores desde hace siglos han sabido muy bien que para que una cosa exista en la mente del cliente y que la quiera hacer suya hay que mencionarla, verbalizarla, que se escuche. En mi pueblo en verano te suele despertar de la siesta la megafonía (por llamarlo de alguna manera) de un camión vendiendo sandias y melones. Mencionar durante 6 años la palabra crisis nos ha dejado tristes y desorientados. La magia de las palabras es que dirigen la imaginación, dan vida a las experiencias, ponen en orden el deseo y nos persuaden para actuar. Sin las palabras no existe nada.

Una pequeña reflexión basada en palabras: “La gente feliz habla, los mendigos no, se ponen un cartel delante que dice todo por ellos”.

En la base de la persuasión está llamar la atención del cliente, que se fije en nosotros y en lo que les ofrecemos, para centrar la atención están las palabras y su verdad. El arte del que persuade, ya sea vendedor o amante, es elegir aquellas que más impacten en el corazón de su receptor.

La magia de las palabras también es que a veces hacen parecer real lo que no lo es; “difama que algo queda”, tiene la misma base como técnica argumental que cuando alguien dice por la calle “!!!al rico helado de tutifruti!!! Es algo creíble, pero no real, pero repetido termina siendo real, es cuestión de tiempo.

Los humanos deberíamos contar con un marcador, que se visibilizará en nuestra frente y que se iluminara cada vez que usamos con fines tortilleros las palabras, con un crédito limitado de utilización de palabras. Hablar es gratis, pero su crédito no es ilimitado. Si quieres ser una persona de palabra deberás hablar bajo la base de la verdad, de la ayuda y el apoyo, de la pasión e ilusión y el desarrollo del futuro, así tus palabras serán creíbles (también para ti mismo).

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